Víctor Jara Martínez (la Quiriquina, Chillán Viejo, 1932 - Santiago, 1973)
Cantautor chileno. Fue también director teatral, investigador del folclore y de los instrumentos indígenas, actor, dramaturgo y libretista, pero alcanzó la mayor trascendencia como compositor y cantante popular.
De origen campesino, heredó de su madre la afición por la música. Al ser abandonados por el padre, la familia se trasladó a Santiago, a una cité en la población Los Nogales. A los 15 años quedó huérfano e ingresó en el Seminario Redentorista de San Bernardo. Allí permaneció dos años. En 1957 entró en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. En esa época conoció a Violeta Parra, que lo acogió como discípulo.
Sus canciones trataban sobre su pueblo y sus problemas, en la línea de los cantautores de la época; con todo, su éxito internacional las llevó más allá de su Chile natal para ser cantadas en cualquier manifestación progresista o concentración universitaria de otros tantos países, particularmente en la España de la transición.
¿Cuántas cosas dejan huella? ¿Cuántas cosas se recuerdan?
¿Cuántas brillan en el tiempo aunque no están?
¿Cuántos rastros? ¿Cuántas cosas?
¿Cuánto –al fin– es lo que importa?
¿Qué momento en la vejez te abrigará?
Un parto, una sonrisa, una ilusión, aquel abrazo,
una canción, la lluvia dibujada en el cristal...
un beso, una caricia, la emoción de aquel encuentro,
una razón, la tarde que desgasta la ciudad.
¿Cuántas cosas dejan huella?
¿Cuántas cosas se recuerdan?
¿Cuántas brillan en el tiempo aunque no están?
La Plaza Roja, un cuadro de Van Gogh, aquella extraña palidez,
una ciudad torcida, un resplandor... un niño que dormita en un rincón, toda esa torpe dejadez, la prisa incontrolada del reloj.
¿Cuántos rastros? ¿Cuántas cosas?
¿Cuánto –al fin– es lo que importa? ¿Qué momento en la vejez te abrigará? La luna, y esa dulce sensación de amarlo todo de una vez, las brasas que aún incendian la pasión, la calle, la cornisa y el balcón... el mapa mudo de tu piel, el fruto merecido del amor. ¿Cuántas cosas dejan huella? ¿Cuántas cosas se recuerdan? ¿Cuántas brillan en el tiempo aunque no están? ¿Cuántos rastros? ¿Cuántas cosas? ¿Cuánto –al fin– es lo que importa? ¿Qué momento en la vejez te abrigará? ¿Qué momento en la vejez te abrigará? ¿Qué momento en la vejez te abrigará? (Canción de Pedro Guerra, cantautor español)
No, no te amo como si fueras rosa de sal, topacio o flecha de claveles que propagan el fuego: te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma...
Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo, porque no sé amar de otra manera,
sino así, de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca, que tu mano sobre mi pecho es mía...
tan cerca, que se cierran tus ojos con mi sueño.
(Soneto del poeta chileno Pablo Neruda en la voz de la solista del grupo español Presuntos Implicados)